21 de agosto de 2016

Torres es un clásico

Torres. Siempre Torres. Lo sabía. Pero por un momento subestimé la aceleración de un buen clásico y me perdí su gol en directo. Fue prepararme un café a toda leche, coger el mando de la tele y sintonizar el partido para darme cuenta de que ya había marcado. Ni tan siquiera me dio tiempo a desenfundar uno de mis puros. El Niño es un pistolero muy rápido y su fama le precede. Además nunca habla por hablar. Como decía Tuco en "El bueno, el feo y el malo" cuando se dispara no se dice nada. Las balas hablan por sí solas y los goles también. ¡101! Se dice pronto, aunque hacerlo en el Atleti es harina de otro costal. Torres ya está en la lista de los diez atléticos más buscados. Pero su trayectoria intachable y su lealtad merecen una mayor recompensa que la fijada por el Kun Agüero. Porque el Niño, leyenda inmortal colchonera, de encontrarnos en el viejo y salvaje oeste sería ese compinche del que nunca te separarías cuando las cosas se pusieran muy feas. Sabedor de que nunca te abandonaría en el peor momento y elegiría mil veces el plomo antes que cambiar de bando. Y el argentino, a pesar de ser también muy bueno, nunca fue tan fiel ni demostró tanto sacrificio. Así pues, elijan ustedes aunque yo por mi parte lo tengo muy claro.


Días atrás, algunos intentaban inútilmente hacernos creer que el jefe de la banda, el Cholo Simeone, no contaba con el Niño y pretendía poco menos que desterrarlo del equipo. Pobres ilusos, pobres diablos. Les cuesta demasiado entender que tanto Simeone como Torres son el Atleti. Y al revés también. Por eso allá ellos con sus cansinas monsergas y sus mezquinas falacias.

Hagan como un humilde servidor que disfruta con cada cabalgada de nuestro Niño Torres. Cada segundo, cada zancada, cada balón. Como si viera un Ford Mustang del 67 por una de esas carreteras polvorientas con ruido de sirenas detrás, curtido en mil batallas y en otras tantas persecuciones. Y que a pesar de los años, de los golpes y de toda la mierda que le haya podido caer encima, mantiene intacta su esencia indomable, su potencia y sobretodo su clase. Es como ese clásico que jamás cambiarías por otro más nuevo aunque sus prestaciones pudieran ser mejores. Porque sabes muy bien que, aunque así fuera, jamás te haría sentir lo mismo. Y eso no tiene precio, Así que no pares Niño, ni se te ocurra parar. No levantes el pie del acelerador y pisa a fondo. Y sigue rugiendo con tus goles... Que nos pisan los talones y lo mejor todavía está por llegar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Muchas gracias por tu comentario!